Recuerdos de mi madre

A mi me bastaba cualquiera de las dos memorias que escribió, pero ella, después de su caída, que le llevó a la diálisis, quiso escribirlas en un bloc normal, aunque su letra era igual de bonita en las dos y casi no tenía errores de sintaxis. Se notaba que había estudiado en una escuela de monjas, aunque la guerra paró súbitamente sus estudios, hasta los de piano, nada más tomar su primera comunión, descrita también en éste blog en el artículo “primera Comunión”.

Comienza en la primera hoja relatando cómo su padre y su madre estuvieron siempre juntos, desde que tomaron la primera comunión en Sueras, por eso tenían la misma edad. sigue con como y porqué se casaron a los 27 años y nació ella cuando tenían 30 años.

Como podéis ver en la foto (pagina 3) de sus memorias, detalla la venida de su madre embarazada, desde su fría casa en Barcelona C/Constitución nº 77 (Bordeta), a Sueras, a la soleada casa familiar, en la Calle Nueva (donde viven actualmente Pascual y Tere) y rodeada de su hermana Trinidad y demás familia dice: “entonces no estaba “eso” de ir a las clínicas a dar a luz, casi todos nacían en casa y mi tía Anita con su marido y sus dos hijos ya tenía bastante en la Bordeta. “Nací el 24 fe Febrero de 1922 y, como era pleno invierno, nos quedamos en Sueras hasta Mayo.” Claro, cuando volvieron madre e hija a Barcelona, ya tenía más de dos meses y su padre desesperado por conocerla.

Sin tener las memorias anteriores, que ya las había guardado yo, con las de mi padre, las redactó de nuevo casi exactamente igual. En estas hojas se le nota su cariño por su tío Arturo, muerto muy joven y recién casado. Siempre me hablaba de estas y otras historias de sus tíos Arturo y Simeón, que tambíén murió joven y recién casado, pero éste segundo ya tenía un hijo: Simeón Pallarés.

“Cuando tuvo que ir la madre con la niña fueron todas a la estación: Sara, María y alguna más, para ver el extremo que hacía mi padre, al verme (podéis contar)… lo chiquero que era y … una niña.·

Foto hecha el 23 de Mayo de 1923 por S. Serra Martí C/Sans 37-1º de Barcelona Hilaria con piano

Voy recordando por edades, porque hay cosas que me las contó mi madre, por ejemplo, cuando una vez vinimos en el barco de Barcelona a Castellón y a despedirnos al muelle, vinieron mi tío Arturo (que me quería mucho y yo a él), y mi padre. Mi tío le dijo que vaya la mujer, pero la niña ¿porque?. Lo que pasó en el barco si lo recuerdo. Iba la tía Dolores la morena y la hija, mi madre y yo, con 5 años (cuando tuve 6 murió mi tío Arturo). Otra niña y yo subiendo y bajando a la cubierta, así nos pasamos la noche, porque, por supuesto, íbamos en 3ª en una “marfega”, pero iban mareadas las tres y, al final del trayecto, cuando despuntaba el día, soltaron las “pallarofas” al mar, doblando la tela y al bolso. El “camarote” ya estaba limpio.

Foto del hermano de mi abuelo que está en este desván junto a varias realizadas en el mismo estudio fotográfico pionero en el principio de las fotografías de personas.

En cubierta había un joven sentado en una hamaca y aún recuerdo un trozo de la letra que cantaba: “casta mujer de mis amores, vengo a decirte que te quiero”. Eso sería de alguna zarzuela. A mi se me quedó porque la había oído en casa la Merce”. Era una compañera suya, del cole, que conocí en persona, como también la canción que aún me suena al recordar a mi madre cantándola.

Otra vez hicimos un viaje en tren mi tío Arturo mi madre y yo. Al entablar conversación con los que viajaban en el mismo departamento, que eran de ocho, les preguntaron si eran matrimonio y dijeron que sí y allí me ves, papa esto o papa aquello. El era muy chiquero y como los otros sobrinos (José y Simeón) eran chicos y , además, José era muy llorón, pues eso… Estuvimos aquí en Reyes y mi padre había comprado una muñeca que cerraba los ojos y andaba. La tenía que llevar mi madre de la mano, porque yo no podía con ella, y me contó que mi padre se había gastado toda la “semanada” (100 pesetas, que en el año 1927 era mucho dinero) con la muñeca.

Muñeca que anda. En perfecto estado y muy mimada. Desde los años 20 en su caja de cartón original

En 1928 mis recuerdos son muy malos. Ya con 6 años no se me olvida cuando murió mi tía Trinidad, con 32 años y dejando un niño, Juan José, que aún no había cumplido los 6 años, la niña, Trinidad con tres y medio y un niño que nació estando la madre muy mala, pero primero murió mi primito y después mi tía. Era el 27 de Mayo. El 6 de Julio moría mi tío Arturo con 26 años. Hacía dos meses que se había casado con Luz María Moliner. Allí, en mi casa, las risas ni por asomo. Por si faltaba poco, al cabo de un año, murió el marido de mi tía Anita (madre de José y Simeón Barceló) y es cuando ella se vino de la Bordeta al pueblo.

Parvulario en La Bordeta

Sólo tuve en ese año (1928) una cosa buena: desde los 4 años iba a un parvulario cerca de casa y éste año, en el que cumplí los 6, me llevaron a un colegio, que se llamaba Colegio de Religiosas de la Divina Pastora en la Calle Bagur nº 12 (Sans) … lo estoy viendo… Era muy majo. Pasé por todas las clases: La del Niño Jesús; Los Ángeles; La Divina Pastora; y el Sagrado Corazón de Jesús. Hablar entre las alumnas y profesoras lo hacíamos en catalán, pero la enseñanza era en castellano, porque había muchas alumnas de otras nacionalidades (alemanas, inglesas y francesas) y una vez a la semana era todo en catalán.

Alumnas del Colegio Divina Pastora 1931

Hasta que llegó el 14 de abril de 1931, en el que se implantó la República y fuimos a clase, como siempre, pero las madres, todas desesperadas, venían a por sus hijas y en dos horas quedó el colegio vacío. El 14 de Mayo era la Asunción y teníamos que tomar la Primera Comunión y no sabíamos si se celebraría en el Colegio o en Santa María de Sans, que era nuestra Parroquia, porque los republicanos parecía que iban más a por las monjas y frailes, pero, de momento, no se cambió la orden y la hicimos en la Capilla del Colegio y pasó el bache. (Para que os hagáis una idea la “capilla” era más grande que la Iglesia de Tales). Por cierto la tomó también una compañera mía que se casó con un “dels musiquets” de Tales, José RAMOS.

Yo, a los 16 años, toqué con él en una Orquesta y fui muy amigo de su hija Dolors que, alguna vez nos acompañaba, y de su hijo Josep, con el que iba a a enseñar a leer, a los hijos de la gente que vivía en “Can Tunis” (Casa Antúnez), cerca del Cementerio, por medio de la parroquia de Sant Medir de la Bordeta, donde también estudié, antes de entrar en el COPEMHLL de Santa Eulalia.

Este trozo de las memorias de Hilaria Pallarés enlaza con la descripción de su Primera Comunión (pulsa sobre este nombre para verla), que tambíén se encuentra aquí, en este blog. Continua hasta el fin de la Guerra.

Después de la Primera Cominión sigue: Mi infancia hasta los 14 años, que vino la guerra civil estuve con mis padres en Barcelona y al ir a Sueras mi madre y yo, al casamiento de mi tío Máximo (del que fué la madrina de boda), nos quedamos unos días y estalló la guerra. En este revuelo mi padre estaba en Barcelona. y, nada más pudo, se vino y terminamos de pasar el verano aquí, en Pedralba (en Molina), cogiendo higos y uvas y un sábado, al bajar a por suministros, se encontró con Daniel Moliner, primo de mi madre y muy bohemio, que le dijo que iba a Barcelona y le animó a volver. Al subir a Pedralba se lo dijo a mi madre y ella le contesto: “si tu te vas yo voy contigo, pero la chica que se quede con los abuelos”.

Los sábados por la noche el iba un rato a casa la tía Antonia (que era una taberna). Ella descendía de aquí y se reunían todos los del pueblo y hacían una “guiñotada”. En la misma Bordeta había un payes (muy buena persona) que se llamaba Messeguer. Por el apodo de la familia de mi padre, los compañeros le dijeron: tu Merseguer ven a sentarte aqui, y unos matones que estaban en la taberna, que buscaban a Messeguer y, como se llevaban a la gente sin conocerlos, le tocaron en la espalda a mi padre y le dicen: “para delante”. Lo observó la tía Antonia (que me lo contó a mi, años después) y les dijo: “os equivocáis de persona. Este es de mi pueblo y si no trabaja no come asi que ¡LARGO!”. Se quedaron todos mudos, pero este susto le llevó rabo.

Añado, como final de este relato hasta sus 17 años, la página 11 . Se puede leer muy bien, de paso veis, de nuevo, su letra y termina en el final de la guerra El 14 de Marzo de 1940 moriría su padre, a los 49 años dejando una viuda de su misma edad.

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