Recuerdos Sefardíes

En el correr de la vida ….suceden cosas que uno se queda … sorprendido, … anonadado, … hecho de piedra por algo inesperado o casual.

En 1.964 (27 de Febrero) fui a Londres de paso a Sud África, para incorporarme, con otros músicos españoles, a un elenco de artistas circenses alemanes, belgas, italianos e ingleses, que íbamos a renovar el programa de un circo, de raíz inglesa, pero afincado desde hacía años en la República de Sud Africa:

The Boswell-Wilkies Circus.

LondresPa
Foto de la Torre de Londres, hecha por un fotógrafo de los que habían decenas, para contentar a los turistas. En el centro mi padre y en la derecha y junto a la cruz, Santos. Es una foto instantánea de la época, que se revelaba al ponerla pegada al calor corporal y que, en la actualidad, es como un trocito de carbón y que, gracias al scaner he podido recuperar. Polaroid estuvo varios años desarrollándola y comenzó a comercializarla en Enero 1.947

En Inglaterra, en aquel entonces , si no estabas en hoteles de 1ª categoría, no se podía beber vino, ni ninguna bebida alcohólica hasta que no fueran las siete de la tarde y sólo hasta las diez de la noche. Pasada esta hora se dejaba de servir alcohol. Esto hacía que un ochenta por cien de las personas, que acudían a estos locales, iban a comer y, sobre todo, a beber y en tres horas sin parar, se emborrachaban, o seguían la fiesta en un Pub, donde la campana de final de alcohol la tocaban a las 24 horas. Que diferencia con nuestro país. Si no es un día de almuerzo “especial” o de “farra” son los menos los que pierden el “oremus”, aunque durante todo el día se pueda beber alcohol. Ahora comprendíamos como veíamos ingleses en nuestras costas “perjudicados” y de mañana.

En los de 1ª categoría si podías beber vino al comer, pero en el hotel donde fuimos a tal fin no lo servían, por lo que los seis músicos españoles nos quejamos a los camareros, pero el que vino a servirnos tenía acento valenciano y, al comentárselo yo me dijo: “de la millor terreta del mon”. Y como en las mil y una noches: “ábrete Sésamo” y nos pasó al sótano, con ventanas al nivel de la calle, aire natural y vino para los paisanos.

 

Al día siguiente a Southampton para subir a uno de los dos transatlánticos gemelos de la Compañía Union Castle Line, en este caso el Windsor Castle (que aparece en la foto de portada, en el puerto de Ciudad del Cabo, con la famosa “Mesa” al fondo). Embarcaría de regreso en Ciudad del Cabo en el Capetown Castle el 18 de Marzo de 1.965 sin terminar mi contrato porque se me había reproducido la úlcera de estómago, como en la batalla del Ebro, con la quinta del biberón republicana.

Mi nota: Hace poco en “Maestros de la restauración” vi como el restaurador Galés compraba camarotes del CapeTown Castle, el otro gemelo y que me recordaban las fotos, que me trajo mi padre de su viaje.

El día 12 de Marzo de 1.964 llegamos a Ciudad del Cabo y nos llevaron a unos 50 Km, donde estaba la base del Circo, preparado para comenzar el recorrido que, en un año y medio, nos llevaría por Sud África, por el protectorado de South West África (Namibia), Botsuana, Lesoto, Suazilandia, Angola, Mozambique, Nyasalandia (una especie de Gibraltar, desde 1.965), Rhodesia del Norte (Zambia) y Rhodesia del sur (Zimbawe a partir del año siguiente, 11-11-1965), etc…

Nada mas llegar a mi “casa” en el Circo tengo la visita del Jefe de Pista, un francés con una voz fenomenal, que viene a saludarme, y que me da una sorpresa, ya que mis compañeros de Barcelona (Hogar del Músico en las Ramblas y los artistas que me habían acompañado en el viaje) le habían hablado de mí, como un gran compositor y arreglista, por lo que me entrega una simple melodía, sin acordes, ni tonalidades y ni siquiera cuadrar los compases, a fin que la instrumentase para la Orquesta del Circo.

Así que, al momento de marcharse de mi apartamento el jefe de pista, comencé a instrumentar la melodía para 3 trompetas, saxos alto y tenor, batería y piano. Ya que al día siguiente era el ensayo.  Durante los 16 días que duró  el  viaje en el transatlántico había hecho 8 composiciones para los artistas italianos y 4 para los ingleses y otros 4 o 5 estaban a medio hacer.CircoBoswel1PA

Como es natural el primer título que ensayamos fue el del Jefe de Pista, que era la introducción al espectáculo.

Tanto éxito tuvo, por la alegría que le di a los arreglos, que los artistas que esperaban oir los números que yo había compuesto para ellos comenzaron a aplaudir largo rato lo que, además, unió a músicos y artistas..

Debutamos cerca de la base, donde estaba montado el circo e hicimos varios pueblos y ciudades 100 km. alrededor de Cape Town, hasta el Viernes Santo, que junto a la Ascensión y Navidad, eran las 3 únicas fiestas en el año (casi como en Sueras ¿no?).

Estando en Ciudad del Cabo me presenta el francés al autor de la melodía de la presentación, que venía a invitarnos a comer al mejor restaurante de la capital, de lo contento que estaba con la partitura final. Nos pusieron un camarero italiano pues conocía los idiomas de los tres: inglés como el autor (sudafricano), francés y español, pero, después de tomar nota, vuelve con otro señor (era el dueño del restaurante) que rápidamente se dirige a mí en un castellano digno de Santa Teresa.IMG_20180212_0003

¿Usted es español?, -me preguntó- Si señor – le respondí –

-Yo soy judío, pero español de Toledo –y agregó – pero hace casi 500 años que mi familia abandonó España, en 1.492, pero mis ascendientes, mis padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc, etc, todos han muerto llevando en lo más hondo de su corazón su amor a España – y todo esto hablado en un correcto castellano, con aires y acento de aquellos tiempos. Y siguió:

-A estos señores ya le están preparando lo que han pedido – y dirigiéndose a mí, me dijo- Vd. Va a comer como si estuviera en Bilbao. Su comida va a ser toda vasca – y así lo hizo:

Sopa de pescado y mariscos, pescado a la plancha con salsa verde y ternera con setas y de postre una especie de crema catalana que él la llamó “goxua” sin olvidar una botella de tinto, de la Rioja alavesa.

Cuando lo conté a mis compañeros músicos, no se lo pensaron dos veces y fuimos a comer allí, y el dueño me dijo que fuera un domingo, yo solo, para pasar un rato de charla y, como era el día en que el circo cambiaba la carpa de sitio, mientras estábamos alrededor de Ciudad del Cabo, pues allí y entonces era el día que se dedica a la religión anglicana y no había espectáculos, y así lo hice.

El comedor estaba cerrado pues allí eran más festivos, para salir de casa, los viernes y sábados, pero éramos mucha gente pues estaba toda su familia, incluso me presentó a su abuela, que me enseñó una escritura de más de 500 años donde se podía leer TOLEDO y algunas palabras más. Se notaba que había pasado por muchas manos, y le contó el recuerdo de que tenían hasta la llave de la casa, un enorme trozo de hierro macizo.

También me dijo que fuera a visitar al dueño de la principal Casa de Discos de Sud África: Discos Gallo (apellido español pues también era sefardí), que quería hablar conmigo.

Ya casi terminando nuestras actuaciones por Ciudad del Cabo, pase por la central de ventas (en 1.964-65 fue la discográfica que más discos vendió en toda África, en una época de boom de discos, (por la incursión en el mercado de los Beatles) pero, sin avisar, resultó estar en la ciudad de Durban, junto al océano Indico, Hablamos por teléfono, en su español antiguo, y quedamos en vernos cuando fuera allí, donde tenía su casa en la playa o en Johanesburgo, capital y ciudad más grande de toda la nación, donde tenía varias tiendas.

Al llegar a mi vagón miré la ruta- A los dos meses íbamos a Bloemfontein, durante 3 días. Llegamos con el tren sobre las diez de la mañana y, con otro músico, nos fuimos al centro de la ciudad, para comprar papel pautado, y poder terminar el repertorio mío a los artistas y comenzar nuevos números, para las actuaciones que estaban entrenando, sobre todo de la  Sra. Wilkies, la dueña, que tenía un número de doma de palomas, además de los de caballos, chimpancés y leones.MiguelSudAfricaPA

Atisbamos una librería y preguntando por el papel, en nuestro mal inglés, a una dependienta, que se dio cuenta que éramos españoles; vimos como desaparecía entró en una dependencia y salió al momento con el dueño. Con sólo dos meses en Sud África solo habíamos aprendido lo elemental, así que nos dirigimos a él en ese idioma pero nos respondió en español correcto, pero como el de la Venganza de Don Mendo. Lo que yo quería era un artículo especializado y no lo tenía. Me pregunta cuantos días íbamos a estar en esta capital y al saber que eran tres y que estábamos en el Circo, me contestó que me lo llevaría al tren, a mi “casa”.

Era mayo del 64 y allí está entrando el invierno, De día calor asfixiante, en pantalón corto y, si no salías de la estación, estabas hasta sin camiseta, pero de noche dos mantas en la cama.

La estación estaba dentro de la ciudad y en mi vagón estaba junto a los Faggioni y al salir de mi habitación nos juntábamos los españoles e italianos, para hablar, ensayar, etc…

Había una viejecita sentada en un banco haciendo calceta y, nada mas oír español, se fue dentro de las dependencias de la estación y vino a enseñarme una escritura de una casa en Cuenca y nos contó una historia parecida a la de la madre del restaurante de Cape Town, aunque ésta se podía leer mejor que era una estancia en Cuenca, que la compraron en 1.450. El que vino a llevarme el papel pautado era familia de la viejecita, por eso sabía dónde encontrar las estancias del Circo Wilkies, que, por unos privilegios obtenidos, por su ayuda al pueblo afrikáner, tenía instalaciones en todas las estaciones de su ruta incluso preferencia de paso.

AvionSudAfricaPA
Vuelta a casa en avión desde Londres a Madrid. Los cinco baules y maletas vinieron en barco desde Southamton a Barcelona.

El 24 de Junio estando en una población, a 700 km de Durban, se suspendieron las actuaciones, por estar todo nevado y salimos hacia esa capital, al lado del mar y, al llegar, pudimos ir a tomar el baño, pues de día hacía mucho calor. 18 días de buen tiempo climático y de horas de descanso, que me permitieron ir a visitar al Sr Gallo, cosa que hice al tercer día de llegar a Durban. Reunión muy amena, interesante y fluida, pues éste sí que hablaba muy bien español. Tenía su lección bien aprendida, ya que, desde que le notificaron mi visita sus empleados de Ciudad del Cabo, sabía todo sobre mí. Todo lo que hice musicalmente en la empresa Boswell-Wilkies, que casi todos los artistas llevaban mi música en su repertorio, lo del himno de la introducción, quizá por su compatriota sefardí, el dueño del restaurante, que conocía al compositor afrikáner, y me propuso que trabajase con él en un importante cargo en la discográfica. Le dije que no podía acceder a su petición, pues había ido a Sud Africa gracias al Circo Wilkies a gastos pagados, desde Barcelona, Londres hasta Ciudad del Cabo, tenía el reconocimiento del matrimonio dueños de la Empresa, su afecto, su amistad, uno de los  mejores departamentos del tren, etc… Pero no cerramos ninguna puerta porque eran habituales sus visitas a Barcelona, Madrid y toda África.

Mi padre, con uniforme de la Orquesta, junto con un sefardi.

La primera noche en Durbán se preparaba un gran lleno. Faltaba poco para comenzar y aún no había entrado ninguna raza más que la blanca, porque era habitual allí que, mientras entraban asistentes blancos en la General, no podían ni vender entradas para otras razas, en la misma categoría de localidades. Los indios, de los que hay muchos en Sud África, eran una categoría entre blancos y negros. Estos se podían sentar en las filas arrimadas a la Pista, pero no en la parte central: solo en los laterales, junto a la orquesta o en el otro extremo, junto a la salida de artistas.

Estaba yo ya en la caravana de los músicos, donde me ponía el uniforme, para salir al escenario, cuando me llaman a la puerta y, al asomarme veo dos matrimonios, y tres hijas suyas, de más de 20 años, con carácter indio y se dirigen a mí en español, exponiéndome su problema y diciendo que, siendo paisano (por parte de sus orígenes españoles), no les defraudaría. Dos de ellos tenían pasaporte español.

Llevaban entradas porque se habían puesto carteles del Circo, en sus establecimientos, pero era sábado, temían no

Desde esta reunión con el Rey los sefardíes pueden obtener la ciudadanía española fácilmente.

 

poder entrar y, al lunes siguiente se iban a Melilla y Tanger, de donde procedían, para traer artículos a sus tiendas en Sud África, por lo que era su única oportunidad de ver la función.

Cogí las entradas canjeables y el dinero que faltaba para completar las 7. En el departamento de Taquillas estaba el hermano del dueño, que era el jefe de ruta y, al verme entrar en su despacho, le dice al cómico inglés que hacía de su ayudante: ¿Que querrá el hermano de la caridad?, refiriéndose a mí. Le explique las razones y, como siempre me atendió. Las entradas estaban debajo de la tribuna de la orquesta.

No os podéis imaginar lo agradecidos que estaban y que me demostraron, nada más terminar la función a las diez de la noche, pues querían que fuera a sus empresas, para darme un regalo. Les dije que al día siguiente era domingo y podría visitarles en su tienda y restaurante.

Así lo hice y pude comer con ellos pues, aunque eran los dueños, al no ser blancos, tuve que entrar por la Tienda-Bazar hasta un reservado del Restaurante. Hablamos hasta las cinco, pues debían ir al aeropuerto y volver a su ciudad natal, Tanger, aunque, después de ser expulsados sus antepasados de España, también lo fueron de Tanger, cuando comenzó su reinado Hassan, aunque al fin, normalizaron su status, ya tenían un negocio muy floreciente en Sud Äfrica, pero seguían sus negocios en el Norte de África, como otros en las Islas Canarias.

Me llevaron al Circo sus hijas, aunque sólo la más pequeña ANA hablaba un español fluido, no así su hermana María ni su prima Genoveva, aunque lo entendían perfectamente. Como podéis observar sus nombres eran españoles, a pesar de su aspecto y sus Saris (vestidos) Indios.vinarozpa

Mi nota: Antes de volver al Circo, compró algunos artículos de recuerdo (bueno, muchos artículos, pues trajo 2 baules metálicos y 3 maletas en barco) y le regalaron dos telas muy llamativas: de una mi madre se hizo un chal y de la más grande cosió cuatro uniformes, que utilizábamos en el Conjunto de Hospitalet, al que se unió Santos (compañero de mi Padre en Sud África y que aparece en la foto de la Torre de Londres) que aún están en este desván y que podéis ver en una foto de eldesvandemiguel “Corpus a Berga. La Patum”, en la que también estamos además de ellos dos “Bastante” y yo.

Al comenzar el verano nos visitó en Hospitalet el jefe de ruta y hermano del dueño del Circo Boswell-Wilkies para interesarse por mi padre y pedirle que volviera. Me llevé una sorpresa, pues esperaba a alguien más moreno, aunque no negro ya que eran ingleses, pero imaginar un tío de casi dos metros, con el pelo rubio claro, piel blanca, si quiera rosada, ojos azules y un Chevrolet descapotable, con unas ópticas delanteras y traseras tan grandes, que parecían alas, aparcar en la Calle Ángel Guimerá de Hospitalet, donde ya no cabía otro vehículo.FortdeL¨EauPA

En Junio, ya recuperado, volví a viajar a África, donde me encontré en Argelia con colegas de los indios españoles de Sud África, en una época convulsa en ese país, como fue el golpe de estado de Houari Boumedián contra Ben Bella, del que era Ministro de Defensa. El día 19 de Junio de 1,965 estaba en plena actuación, en una sala de fiestas repleta de Marines Norteamericanos, cuando entraron soldados argelinos armados. El primer impulso fue parapetarse tras el piano, pero lo único que querían los militares era parar el espectáculo pues, aunque ni clientes ni empleados del Hotel se hubieran enterado, había toque de queda.

El lugar se llamaba Fort de L´Eau, lugar colonizado por españoles, en concreto, menorquinos de Mahón. Me sirvieron ellos y mis contactos con los indios, para poder sacar el dinero ganado en mis actuaciones del país, pues, desde el golpe de estado, había un tope según el salario.

Compré los típicos tapices: la última Cena, la familia de ciervos en el oasis (como el de Naranjo de la COPE), y otra vez telas, ropa interior, etc… donde escondimos la “pasta”. Y así llegué a tiempo para celebrar las fiestas patronales de Sueras en 1,965, pues terminé mis anotaciones en el diario el día 10 de Octubre

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